¡Yo soy así!

¡Yo soy así!

¡Yo soy así!

Prefiero ser auténticx, ser transparente, ser sincerx a ser falsx o hipócrita. ¿Te suena?

Solemos ser dicotómicxs en las descripciones de lxs otrxs y de nosotrxs mismxs. ¿Dices lo que piensas o piensas lo que dices?  Últimamente por el curso reciente al que han derivado los medios de comunicación, existe un gusto a preferir o a valorar por encima de todo decir lo que se piensa. Ahora bien, ¿qué es ese todo?, ¿otras personas?, ¿su salud emocional?, ¿nuestra imagen?… ¿Son acaso estas cuestiones desdeñables? Si nos apuntamos a este carro, “ser auténticx” puede suponer olvidarnos de una buena parte de nosotrxs mismxs.

“¡Yo soy así!” ¿”Así”, cómo? ¿”Yo”, quién? Quizás lo más auténtico que tenemos son nuestras emociones, de hecho, nadie debería poder cuestionárnoslas. Nadie debería poder rebatirte que te sientes triste, igual que nadie debería poder rebatirte que estás enfadadx ni indicarte que debes dejar de estarlo. Todo aquello que sientas estará bien porque las emociones funcionan como guías que nos indican qué ocurre tanto fuera como dentro de nosotrxs. Ahora bien, sí que hay maneras más o menos correctas de expresar esa emoción, de hecho, tenemos la manía de responsabilizar a los demás cuando nos sentimos mal; como si el sentirnos bien dependiera de ellos. Esto genera un estado de frustración pues si sientes que depende de los demás ¿qué vas a poder hacer tú?

Como dijo Aristóteles: “Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”.

En definitiva, no podemos elegir qué sentir pero sí qué hacer con lo que sentimos.

Si no sabes qué hacer con lo que sientes y te encuentras en un torbellino de emociones no dudes en llamarme, estaré encantada de ayudarte a descifrar y elegir qué hacer con ellas.