Tratamiento del TOC: de la EPR a recuperar la vida que el TOC limita

Ilustración sobre el tratamiento del TOC y la terapia de Exposición con Prevención de Respuesta (EPR) para superar las comprobaciones obsesivas.⁠
Imagen generada con inteligencia artificial

Hay un momento en el tratamiento del TOC en el que saber más sobre el TOC ya no es suficiente.

Sabes que comprobar alimenta el problema. Sabes que pedir tranquilidad puede convertirse en una compulsión. Has aprendido a reconocer los repasos mentales, las evitaciones, las búsquedas en internet o ese intento de encontrar la sensación correcta antes de continuar.

Incluso sabes lo que toca hacer: exponerte y tratar de no responder como te pide el TOC.

Hasta aquí, probablemente ninguna novedad.

Pero hay una pregunta de la que hablamos bastante menos:

¿Para qué estás haciendo EPR?

Porque si la respuesta es «porque tengo TOC y tengo que hacer EPR», tenemos un pequeño problema.

  • ¿Por qué ibas a salir de casa con la duda de haber dejado algo encendido?
  • ¿Por qué abrazar a alguien mientras tu cabeza decide obsequiarte con una imagen que te horroriza?
  • ¿Por qué seguir con tu día sin comprobar una vez más —la última, por supuesto— si realmente quieres a tu pareja?
  • ¿Por qué dejar sin resolver la duda de si hiciste algo mal hace años?
  • ¿Por qué aceptar la posibilidad de equivocarte cuando cada fibra de tu cuerpo te pide comprobar?

Tiene que haber algo más.

Cuando hacer EPR empieza a parecer otra tarea

Cuando hablamos de Exposición con Prevención de Respuesta (EPR), hablamos de uno de los tratamientos psicológicos con mayor respaldo para el TOC y considerado tratamiento de primera línea por la International OCD Foundation (IOCDF).

Solemos centrarnos en aquello a lo que necesitamos exponernos y en las compulsiones que necesitamos dejar de realizar. Y, por supuesto, eso es importante.

Pero a veces las exposiciones empiezan a parecerse sospechosamente a una lista de deberes:

Hoy toca esta.

Ansiedad: siete.

No compulsionar.

¿Cuánto tiempo tengo que estar?

¿Cuándo debería empezar a bajar?

Y, sin darte cuenta, puedes acabar haciendo una especie de oposición al TOC: planificación, temario y sufrimiento acreditado.

Pero no hacemos EPR para sacarnos unas oposiciones al TOC.

Ni para convertirnos en especialistas en soportar ansiedad. La hacemos porque el TOC está interfiriendo en una vida que queremos recuperar.

Así que quizá necesitemos otra pregunta:

¿Qué está impidiendo el TOC que hagas?

No se trata solo de alejarte del TOC

Imagina que llevas mucho tiempo evitando conducir porque aparece la duda de haber atropellado a alguien. Podemos diseñar una exposición: conducir y no volver atrás para comprobar. Perfecto. Pero ¿para qué?

Quizá para volver a llevar a tus hijas/os al colegio. Para ir a trabajar sin depender de otra persona. Para coger el coche un domingo y decidir sobre la marcha dónde quieres ir. Para recuperar autonomía.

La exposición puede ser exactamente la misma.

Lo que cambia es hacia dónde estás caminando.

Piensa ahora en alguien cuyo TOC se ha metido en su relación de pareja. Puede pasar horas comprobando lo que siente:

¿Le quiero de verdad?

¿Me ha gustado suficientemente este beso?

¿Por qué me he fijado en otra persona?

¿Y si esto significa que debería dejar la relación?

Y, por si cuatro preguntas no fueran suficientes, el TOC siempre suele tener alguna más preparada.

La prevención de respuesta puede implicar dejar esas preguntas sin resolver. Pero el objetivo no es convertirse en alguien capaz de tener dudas sobre su relación sin sentir ansiedad. Quizá sea algo mucho más sencillo y, a la vez, mucho más importante:

Volver a estar con tu pareja en lugar de estar constantemente evaluando la relación.

Porque una cosa es vivir una relación y otra bastante diferente pasarte el día haciéndole una auditoría.

¿Qué quieres recuperar?

El TOC puede ocupar muchísimo espacio sin que siempre sea evidente. No solo están las horas dedicadas a lavarse, comprobar, ordenar o repetir. También está el tiempo que nadie ve:

  • El que pasas reconstruyendo una conversación para asegurarte de que no dijiste nada inapropiado.
  • Intentando recordar si algo ocurrió exactamente como crees.
  • Analizando por qué apareció determinado pensamiento.
  • Comprobando qué has sentido al mirar a alguien.
  • Buscando en internet una respuesta que, curiosamente, ya buscaste ayer.
  • Preguntándote si aquello que acabas de hacer ha sido una compulsión.
  • Incluso intentando averiguar si realmente tienes TOC.

Y mientras tu cerebro celebra otra reunión extraordinaria para intentar resolverlo, hay otra cosa que también está ocurriendo: tu vida.

Por eso, además de preguntarnos cuánto tiempo dedicas a las compulsiones, quizá merezca la pena preguntarnos:

¿Qué ha ido desapareciendo mientras el TOC ocupaba ese espacio?

Y aquí entran los valores

Hablar de valores puede sonar muy trascendental. Tranquilidad. No necesitas descubrir el propósito de tu existencia ni subir a ninguna montaña a encontrarte contigo. Podemos empezar bastante más cerca.

  • ¿Qué clase de pareja quieres ser?
  • ¿Qué madre, padre, hija/o, amiga/o quieres ser?
  • ¿Cómo quieres relacionarte con las personas que quieres?
  • ¿Qué lugar quieres que tengan en tu vida la autonomía, la curiosidad, el cuidado, el trabajo, el aprendizaje, la amistad, la intimidad, el humor o la aventura?
  • ¿Qué hacías antes que has ido dejando de hacer?
  • ¿Qué te gustaría recuperar?
Si hoy no dedicaras todo este tiempo a intentar resolver tu duda, ¿qué harías con él?

Ahí empiezan a aparecer los valores. No como una técnica para conseguir que desaparezca la ansiedad. No como otra cosa que tengas que hacer bien. Sino como una dirección.

«Ya, pero yo quiero dejar de sentirme así»

Claro. Nadie llega a tratamiento pensando: «qué ganas tengo de aprender a convivir con esta maravillosa ansiedad».

Cuando una obsesión produce miedo, culpa, asco o una sensación insoportable de incertidumbre, querer que desaparezca es comprensible. El problema aparece cuando empezamos a poner nuestra vida en espera hasta conseguirlo.

Iré cuando esté tranquila/o.

Tomaré la decisión cuando lo tenga claro.

Disfrutaré cuando deje de tener estos pensamientos.

Estaré bien con mi pareja cuando sepa exactamente lo que siento.

Volveré a hacer aquello cuando ya no tenga miedo.

Es como esperar a que deje de llover para salir de casa. Y mientras miramos por la ventana esperando el momento adecuado, puede pasar la tarde.

¿Y si salimos aunque llueva?

No elegimos cuándo empieza a llover. Tampoco podemos controlar completamente qué pensamientos aparecen en nuestra cabeza, qué sensaciones sentimos o cuándo surge una duda.

Podemos consultar el pronóstico. Mirar el radar. Volver a mirar el pronóstico. Preguntar a alguien si cree que va a parar. Consultar otra aplicación, no vaya a ser que la primera no se haya enterado bien. Esperar cinco minutos más. Y otros cinco.

Quizá consigamos cierta tranquilidad. Pero nuestra tarde empieza a organizarse alrededor de una única cuestión: ¿Ha dejado ya de llover?

Con el TOC puede ocurrir algo parecido:

¿Estoy ya tranquila/o? ¿Tengo suficiente certeza? ¿Ha desaparecido el pensamiento? ¿Siento lo correcto? ¿Estoy segura/o de que no ocurrirá? ¿Puedo seguir ya?

La EPR nos propone algo bastante diferente:

Salir aunque exista la posibilidad de que llueva.

No porque sepamos que no lloverá. No porque tengamos que demostrar que somos capaces de mojarnos. Sino porque había algún lugar al que queríamos ir. Y esa última parte importa. Mucho.

Una exposición puede empezar por ahí

En lugar de preguntarte solamente: «¿A qué debería exponerme esta semana?», prueba a añadir:

¿Qué quiero recuperar esta semana?

Quizá quieres cenar con tu familia sin levantarte repetidamente a comprobar algo. Quizá quieres jugar con tu hija/o y estar realmente ahí aunque aparezca una imagen intrusiva. Quizá quieres conducir hasta el trabajo sin regresar sobre tus pasos.

Quizá quieres tener una conversación con tu pareja sin dedicar después una hora a analizar qué significó cada frase, cada silencio y, ya puestos, aquella cara que puso durante aproximadamente segundo y medio.

Quizá quieres volver a cocinar. Viajar. Ir a la playa. Estudiar. Dormir. Tener intimidad. Tomar decisiones. Estar con otras personas sin observar continuamente lo que piensas o lo que sientes.

Entonces la exposición deja de ser únicamente acercarte a aquello que temes. También empieza a ser acercarte a aquello que te importa.

¿Y cómo sé si una exposición ha salido bien?

Esta pregunta también merece una vuelta.

Si el criterio es: «Ha salido bien porque al final ya no tenía ansiedad», corremos el riesgo de volver a colocar la desaparición del malestar en el centro.

Podemos observar otras cosas:

  • ¿Pudiste permanecer en la situación sin hacer lo que habitualmente te exige el TOC?
  • ¿Dejaste alguna pregunta sin responder?
  • ¿Aceptaste no comprobar?
  • ¿Pudiste volver a dirigir tu atención hacia lo que estabas haciendo?
  • ¿Tomaste una decisión basada en lo que querías hacer y no únicamente en lo que necesitabas hacer para sentirte segura/o?
¿Ese paso te acercó un poco a la vida que quieres tener?

Puede que la ansiedad bajara. Puede que no. Puede incluso que apareciera una obsesión nueva de camino a casa. El TOC tampoco suele tener problemas de creatividad. El aprendizaje no depende exclusivamente de eso.

Quizá recuperar tu vida no empiece cuando desaparezca el TOC

Es fácil imaginar la recuperación como un punto futuro: «Cuando deje de tener estos pensamientos... cuando ya no sienta esta ansiedad... cuando consiga estar segura/o. Entonces volveré a vivir como antes».

Pero podemos plantearlo de otra manera. Quizá no tengas que esperar. Quizá parte de la recuperación consista precisamente en empezar a recuperar vida mientras todavía hay ruido.

Dejar una duda sin resolver y sentarte a cenar. Sentir ansiedad y continuar conduciendo. Notar la urgencia de comprobar y volver a la conversación que esrás teniendo. Tener un pensamiento que detestas y seguir abrazando a la persona que quieres.

No porque el pensamiento haya dejado de importar mágicamente. Sino porque hay otras cosas que también importan.

Por eso, la próxima vez que hagas una exposición, además de preguntarte qué obsesión estás trabajando o qué compulsión estás intentando prevenir, prueba a hacerte otra pregunta:

¿Para qué estoy haciendo EPR?

Puede que la respuesta no tenga nada que ver con el TOC: para volver a viajar, para estar presente con las personas que quiero, para recuperar mi relación, para estudiar, trabajar, cuidar, decidir, disfrutar... para volver a hacer planes sin preguntarle primero al miedo.

Porque el objetivo no es construir una vida en la que nunca llueva.

Es conseguir que, cuando llueva, el TOC no decida por ti si puedes salir de casa.

¿Y si el TOC lleva demasiado tiempo decidiendo por ti?

Quizá sabes perfectamente qué es una obsesión. Quizá has leído muchísimo sobre TOC —probablemente bastante más de lo que te hubiera gustado— e incluso sabes qué es la EPR.

Pero saber lo que tienes que hacer y conseguir hacerlo son cosas diferentes.

Si el TOC está condicionando tus relaciones, tus decisiones, tu trabajo, tu tiempo o las cosas que antes disfrutabas, podemos trabajarlo en consulta.

El objetivo no será convencerte de que aquello que temes no va a ocurrir ni darte la certeza que el TOC lleva tiempo pidiéndote. Trabajaremos para que puedas volver a tomar decisiones desde lo que te importa y no desde lo que el TOC necesita que hagas para sentirte a salvo.

Y no, no necesitas estar completamente segura/o de que es TOC para pedir una cita. Porque si estás esperando a tenerlo clarísimo antes de llamar… bueno, quizá el TOC ya se ha colado también en esta parte.

Puedes contactar conmigo y lo vemos en consulta. Sin necesidad de resolverlo antes.

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