El caso Samanta o el caso eres tú

El caso Samanta o el caso eres tú

Quizás las palabras que Samanta Villar eligió para expresar su experiencia con la maternidad no fueron las más “adecuadas”. ¿O esperadas? La opinión pública le cayó encima pues no parece ser políticamente correcto cuestionar los mitos que sacralizan el proceso del embarazo y la vivencia de la maternidad.

Pero, ¿quién decide lo que es correcto de la experiencia de una persona?

Cualquier cambio genera inestabilidad, un periodo de estrés hasta reencontrarse con el equilibrio. Hay algunos cambios que son interpretados socialmente como negativos (un divorcio, una muerte, un despido de un trabajo); a todos estos se les concede ese tiempo de reajuste y se les acompaña en el llanto, la desubicación, la tristeza, etc.
Sin embargo, cuando los cambios son socialmente interpretados como positivos, como el nacimiento de un hijo o de una hija, en ocasiones todas esas emociones propias de todo cambio quedan invalidadas de golpe.

La maternidad es un cambio vital, quizás uno de los mayores impactos que puedan afectar a la totalidad del ser de la persona. Nos encontramos de bruces con nuestra propia imagen, nuestro yo, nuestros miedos, nuestras fortalezas, nuestras debilidades y es ahí donde la maternidad nos da la oportunidad de iniciar un nuevo camino.

Tanto el embarazo como esos primeros meses de re-conocimiento mutuo con nuestrx hijx, no deja de ser un momento de incertidumbre, de descubrimiento y como cualquier situación novedosa a la que nos enfrentamos, de “estrés”.
Si estás embarazada es probable que te encuentres con alguien que sin tu consentimiento pinte tu cuadro con los colores de su experiencia. Te dirá cómo vas a vivir tu maternidad, cómo va a ser tu embarazo, cómo lo vas a pasar mal en el parto, cómo el postparto es insufrible, cómo tendrás crisis de pareja durante el primer año, cómo te sentirás sola y desbordada.
Si no estás embarazada, no te creas nada. La experiencia es intransferible: puede ser detalladamente explicada, racionalmente comprendida pero nunca vivencialmente sentida por alguien que no sea quien la está experimentando. Ni siquiera por nosotrxs mismxs una vez ha pasado el tiempo pues ¿cuántas veces no hemos recreado recuerdos que poco tienen que ver con cómo nos sentíamos en el momento en que los vivimos? Cuando ya ha pasado la experiencia todo se minimiza, se relativiza, se ve desde otra perspectiva, por lo que produce emociones muy diferentes a las que realmente tuvimos cuando la vivimos.
No podemos juzgarnos a nosotrxs mismxs desde ese otro lugar, igual que nadie puede verter sobre nosotrxs sus opiniones moralizantes o juicios de valor.

A las personas nos encanta ponernos en la piel de todos los seres humanos de La Tierra y explicar tanto los motivos que le llevaron a llevar esa vida, como el error de las decisiones que tomaron. Estas son solamente opiniones.

Frente a ellas, ¡EXPRESA TU VERDAD! Exprésala con tanto valor, certeza y seguridad como que tu vida ha sido vivida por ti y tus decisiones asumidas por ti.