¡¡¡Desetiquétate!!!

¡¡¡Desetiquétate!!!

¿Cuántas veces te han regalado una etiqueta gratuitamente por un error cometido, en una discusión, para describirte o para dirigirse a ti?

¿Cuántas veces te ha hecho sentir bien?

Probablemente a la primera pregunta…muchas y quizás a la segunda, muy pocas. Entonces ¿para qué las sigues utilizando?

Lo cierto es que las etiquetas, a menos que vayamos a comprar al supermercado, no nos ayudan; nos hacen sentir mal, tanto a los demás como a nosotros mismos y además las utilizamos con mayor frecuencia para hablar sobre aspectos negativos. La etiqueta es como una pegatina que nos adhiere de una manera permanente aquello de lo que hablamos, sin posibilidad de cambio, de crecimiento, de mejora.

Imaginemos que nos diagnostican de una diabetes y estando en la fila de entrada al cine, o en cualquier sala de espera, escuchamos a una pareja hablar sobre un conocido utilizando la expresión de: “¿qué tal te cayó mi amigo el diabético, el despistado, el deprimido?

Supongo que no es muy agradable, pues somos más que una enfermedad, un error o un malentendido. Somos muchas cosas y reducir lo que somos a una palabra limita nuestro ser, el ser del otro y pasamos al no-ser.

¡¡¡Desetiquétate!!! Te animo a que durante la próxima semana, cuando vayas a hablar sobre alguien, a describirlo, a quejarte sobre algo, intentes detallar su manera de comportarse, aquel comportamiento que te ha hecho sentir bien o aquel comportamiento que te ha hecho sentir mal.

¡El comportamiento, no la persona que lo ha realizado! Y si utilizaras alguna etiqueta que sea para resaltar algún aspecto positivo. Es probable que disminuyan el número de malentendidos y que te des cuenta que mejora tu manera de relacionarte con los demás y contigo mismo/a.

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